Se
nos había dicho que nuestra última clase en Llanavilla seria en noviembre, y
debido a eso ya teníamos un plan general para nuestras futuras clases, pero las
cosas cambiaron. Repentinamente nos dijeron que este sábado seria nuestra última
visita, como proyecto de inglés al colegio; nuestros planes habían cambiado
radicalmente, dejándonos a la deriva en una planificación que parecía quedaría inconclusa.
¿En qué medida una mala noticia puede
afectar nuestra voluntad de seguir
adelante?
Luego
de esta mala noticia, pensamos que lo mejor sería adecuarnos a ella, ya que
eran problemas de fuerza mayor los cuales nosotros no podríamos cambiar, entonces
lo ideal sería no tanto seguir con las clases, sino procurar de hacer la última
clase memorable para los alumnos, sacarlos a jugar con dinámicas e interiorizar
lo que habíamos aprendido a lo largo del año, no solo las clases, sino también las
lecciones de vida.
Siempre adecúate a los hechos, ellos no
se adecuarán a ti.
Luego
cuando ya habíamos acordado en mi grupo, la clase que íbamos a tener y como iba
a consistir nos topamos con otra sorpresa…, nuestro grupo no tendría clase, al
parecer compartiría la última visita junto con nuestros compañeros de la sección
f, los cuales tendrían a su disposición 4°, 5° y 6° grado, mientras nosotros solo
tendríamos los grados menores.
Ante un problema, plantea dos soluciones
Afortunadamente,
Elias propuso que los que se quedaron sin clase, podría formar parte de un
equipo de limpieza o colaborar con las
clases de los demás salones, ante esto decidí dedicarme más al trabajo de
clase, no porque no pueda limpiar, sino que sentí que la mejor manera de
terminar el proyecto, seria con la compañía de esos niños.
¿En qué medida el contexto de la clase afecta
en la misma?
Cuando
adrián y yo decidimos entrar al salón de 2° grado, nos enteramos que ellos tenían
planeado hacer un tema que nosotros ya habíamos visto, “Hobbies” y nos
propusimos ayudar de la mejor manera.
En
lo personal, sentí que todo estaba muy movido, por alguna razón no encontraba
un momento de serenidad donde podamos organizarnos bien. Adrián uso el esquema
de enseñanza de nuestra clase de este tema para tratar de empezar con la clase,
pero nos dimos cuenta que nuestra sesión, estaba pensada para niños de mayor
edad. El cambio brusco de planificación nos pasó una mala jugada.
¿Hasta qué punto es correcto que tus sentimientos
interfieran en el desempeño de la clase?
Jamás
quise mostrarme frustrado o impotente ante los chicos y trate de no pensar más
en eso, para que en vez de pensar en los problemas comencé a pensar en las
soluciones, a lo que se me ocurrió que lo mejor era hacer la clase mucho más dinámica
y más sencilla para ellos, ya que eran niños mucho más pequeños, para lo cual
comenzamos pidiéndoles que escriban sus hobbies favoritos en la pizarra en
español o en inglés como ellos prefieran, para resaltar a los que si sabían en inglés,
y enseñar cómo se pronuncian los que estén en español.
¿De qué manera la triste realidad puede terminar
inspirando mejores soluciones?
Nos
tomamos un tiempo fuera llevando a los chicos a jugar, donde nos dimos cuenta
que habían un par de niños revoltosos que preferían jugar a su manera alejándose
de los demás y causando desorden, afortunadamente tengo experiencias previas
cuidando a mis primos menores que son igual de traviesos, por lo que atraparlos
y sujetarlos no fue una dificultad; lamentablemente, no terminaban de distraerse
siempre, por lo que no se pudo hacer algo elaborado con todos los chicos por
culpa de esos dos. Luego de ello me acerque a uno de ellos donde le hable de
una manera más seria, y lo que me tope, es que solo era un niño haciendo cosas
de niño.
Esto
me mostro que nuestra última mejor clase de inglés no era nada parecido a lo
que pensé que sería semanas atrás, segundo a segundo pensé que la situación podría
ser otra, pero no se podía; ante esto, un cambio de estrategia era necesario.
Parecía
que la mejor manera de continuar era siendo nosotros mismos, por lo que dos de
mis compañeros comenzamos a hablar de temas que nos ocurren el día a día, como
experiencias divertidas o alguna clase que nosotros estamos cursando, como el
curso de búsqueda de la verdad o historia nivel superior, prácticamente era
mostrarnos como lo que realmente somos, alumnos como ellos, que también sufren
por entregar tareas por aprobar algún mal curso, y que nos cuestionamos muchas
cosas durante el día. Para mí esto significó el primer cambio bueno del día, sentí
que habíamos salido de la rutina de profesores desesperados tratando de enseñar
una materia sin título a un grupo de niños de una cultura una tanto diferente,
para ser el verdadero grupo de adolescentes que solo quieren dejar una huella
en esa institución a la que ha acompañado con fervor desde hace un año.
¿En qué medida podemos afirmar
que este fue nuestro broche de oro en el colegio?
Como
había dicho antes, pienso que no fue el gran final alegre y feliz que había
pensado que seria, pero creo que salió lo que tuvo que salir, todas las cosas
que pasan siempre son por una razón, tal vez pudo salir mejor, pero creo que lo
paso, nos trajo nuestra última experiencia como profesores, y eso es algo que
siempre vamos a recordar, mas allá si salió bien o mal.
Realmente
creo que el broche de oro, no vale tanto como lo que cierra el broche, que es
todo el camino que recorrimos para llegar a ese día. Juan Carlos, Ángel David,
Jorge y yoel, son nombres que jamás voy a olvidar.
Trabajar
con esos niños fue lo mejor que pude hacer con mis sábados desde el año pasado,
no hay una salida que no me haya dejado con ganas de mas, ganas de seguir yendo,
no por mí, sino por ellos, porque ellos se lo merecen.
Todo
este camino, que para mí comenzó con una clase de colores con cubos de rubik
hace un año, terminó, con la misma
sonrisa de satisfacción y orgullo que siento por las pequeñas cosas que hago
que pueden hacer la diferencia para con los demás, me siento orgulloso de haber
formado parte de este gran proyecto. Como dijo el gran Gustavo Cerati una vez “Gracias…
Totales”.
Experiencias
de Ciudad de Dios:
TRABAJA
EN COMUNIDAD: colaboramos con nuestros compañeros que estaban a cargo de 2°
grado, apoyándolos a llevar a cabo su sesión.
SE
COMPROMETE Y ESFUERZA: por más la frustración que sentía haya sido muy grande,
no deje que eso perjudicará la sesión de mis amigos, planteando nuevas ideas
sobre solucionar y realizar la clase.
CONOCERSE,
ACEPTARSE Y SUPERARSE: yo sé que no se manejarme muy bien bajo presión, pero
tuve que hacerlo para poder seguir adelante con la clase
BUSCA
LA VERDAD Y ACTÚA CON COHERENCIA: Cuando me acerque a hablarle al chiquillo
revoltoso, dándome cuenta que solo era un niño actuando como tal, y que solo quería
jugar.
Extensión:
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